Con la demanda de delimitación marítima presentada a la CIJ de La Haya, el gobierno de Perú ha dado inicio a un proceso de largo plazo. Un 'dossier' que Perú ha venido preparando, con altos y bajos, desde hace varios años, y que en su versión actual es llevado en dos carriles. Aún así, es un proceso que tensará y marcará las relaciones entre los dos países; hoy es difícil visualizar el rumbo que tomarán estas relaciones. Es probable que la ventaja de iniciar esta disputa en medio de una política de aparente distensión - complementada ahora por la imagen de un 'encapsulamiento' del problema - idea compartida por sectores políticos también en Chile, no represente sin embargo más que una dudosa ilusión de las élites.
Se observa una asimetría en el peso que este asunto tiene en la opinión pública de Perú y de Chile. En el primero, concentra la atención activa de gran parte de la prensa y de la opinión pública. En Chile - un incipiente debate acompaña las declaraciones a la confianza, calma y espíritu de resolución por parte del gobierno, una actitud que ha inhibido asumir y hacerse cargo de la controversia por una opinión pública en la que se observa incluso una cierta pasividad. Ésta no ha tomado aún el peso real a las incertidumbres de la controversia en ciernes, situación que, en parte, es resultado del hecho que la demanda fue entregada por el gobierno del Perú a la Corte de la Haya en una fecha en que la opinión pública chilena está a punto de entrar en vacaciones. Indicador de esto es la hegemonía que en estos días ha tenido el punto de vista peruano en la red. Basta para ello iniciar la búsqueda en Google para obtener una idea de la intensidad con que la prensa del Perú monitorea el tema.
Se observa también, por el lado chileno, síntomas de un desconcertante fatalismo, como el manifestado en al noticiero de CNN (domingo en la noche) , por el comentarista chileno Patricio Navia, quien señala, equivocadamente, que esta demanda ofrece para Chile la posibilidad de resolver el problema de la frontera norte aún al costo de perder territorio marítimo. Otra opinión ve en esta controversia marítima un escollo a la integración económica, razón por la cual Chile no debiera entorpecer su expansión, justamente en Perú.
Se observa una asimetría en el peso que este asunto tiene en la opinión pública de Perú y de Chile. En el primero, concentra la atención activa de gran parte de la prensa y de la opinión pública. En Chile - un incipiente debate acompaña las declaraciones a la confianza, calma y espíritu de resolución por parte del gobierno, una actitud que ha inhibido asumir y hacerse cargo de la controversia por una opinión pública en la que se observa incluso una cierta pasividad. Ésta no ha tomado aún el peso real a las incertidumbres de la controversia en ciernes, situación que, en parte, es resultado del hecho que la demanda fue entregada por el gobierno del Perú a la Corte de la Haya en una fecha en que la opinión pública chilena está a punto de entrar en vacaciones. Indicador de esto es la hegemonía que en estos días ha tenido el punto de vista peruano en la red. Basta para ello iniciar la búsqueda en Google para obtener una idea de la intensidad con que la prensa del Perú monitorea el tema.
Se observa también, por el lado chileno, síntomas de un desconcertante fatalismo, como el manifestado en al noticiero de CNN (domingo en la noche) , por el comentarista chileno Patricio Navia, quien señala, equivocadamente, que esta demanda ofrece para Chile la posibilidad de resolver el problema de la frontera norte aún al costo de perder territorio marítimo. Otra opinión ve en esta controversia marítima un escollo a la integración económica, razón por la cual Chile no debiera entorpecer su expansión, justamente en Perú.
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